Estrategia de seguridad devuelve la vida al comercio y la paz a las mujeres de San Martín
Testimonios locales destacan el fin del acoso y las amenazas que por años convirtieron a la populosa urbanización en uno de los sectores más peligrosos del país.

La urbanización El Proyecto Santa Teresa, en San Martín, ha logrado resurgir tras décadas de vivir bajo el asedio y control territorial de la Mara Salvatrucha. Antes de la implementación del Plan Control Territorial y el régimen de excepción, esta populosa localidad era considerada una zona de alto riesgo donde el crimen organizado dictaba las normas de convivencia. Hoy, sobrevivientes de esa época relatan que la mística de inseguridad ha desaparecido, permitiendo que familias y comerciantes retomen sus actividades diarias sin el temor constante a homicidios o desapariciones que caracterizaron el pasado.
Comerciantes locales, como Cecia Gutiérrez, recuerdan que para mantener sus negocios debían someterse al pago de la extorsión y vivir bajo una tensión permanente. El control de la pandilla era tan estricto que incluso autoridades municipales y organizaciones externas debían solicitar permiso para ingresar a la urbanización. Las mujeres jóvenes eran víctimas constantes de acoso y amenazas, enfrentando una vulnerabilidad extrema ante la falta de protección estatal. En la actualidad, esa realidad ha dado un giro total, permitiendo que los emprendedores trabajen con una libertad que antes era impensable en el sector.
La mística del cambio también se refleja en el ámbito laboral y educativo, donde los habitantes ya no sufren la estigmatización por residir en lo que antes se denominaba “corazón de la violencia”. Trabajadores de distribución nacional narran que anteriormente tenían prohibido usar teléfonos celulares o socializar con los clientes para evitar represalias de los grupos terroristas. Ahora, la tranquilidad permite dedicar tiempo de calidad a la atención comercial, fomentando un clima de confianza que ha impulsado el crecimiento económico de los pequeños negocios situados en la calle principal del distrito.
Finalmente, la llegada de nuevos residentes y el retorno de familiares que habían huido del peligro confirman el éxito de la actual estrategia de seguridad del Gobierno. Jóvenes que antes vivían bajo llave por temor a ser abordados por pandilleros hoy transitan libremente a cualquier hora del día. El Proyecto Santa Teresa ha dejado de ser un sinónimo de muerte para convertirse en un ejemplo de recuperación del tejido social. Con la captura de los terroristas que operaban en la zona, los habitantes gozan de un entorno donde el respeto a la ley y la paz ciudadana son la nueva norma.




