Guardianas de la biodiversidad: Agricultoras de la zona oriental diversifican su producción
A través de capacitaciones y el intercambio de granos básicos y hortalizas, las comunidades rurales de El Salvador apuestan por una agricultura sostenible y autónoma.

Más de 100 mujeres procedentes de los departamentos de San Miguel, Usulután, La Unión y Morazán se reunieron en un encuentro estratégico destinado a visibilizar su rol fundamental en la seguridad alimentaria y la conservación de los agroecosistemas. La actividad se desarrolló bajo el marco del proyecto «Aumento de las medidas de resiliencia climática en los agroecosistemas del corredor seco de El Salvador (RECLIMA)», una iniciativa ejecutada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en estrecha colaboración con instituciones gubernamentales y municipales. El evento subrayó cómo las agricultoras locales se han convertido en las principales gestoras de sistemas agroalimentarios adaptados a las crisis ambientales.
Cecilia Martínez, subcoordinadora de RECLIMA en El Salvador, explicó que este encuentro no solo conmemora el Día Internacional de la Mujer, sino que expone los resultados tangibles del trabajo de campo realizado por la FAO y sus socios estratégicos. Según la funcionaria, las participantes han sido piezas clave en la implementación de técnicas de conservación que responden directamente a la vulnerabilidad climática del corredor seco salvadoreño. Durante la jornada, las asistentes compartieron testimonios sobre su empoderamiento y cómo la adopción de nuevas prácticas agrícolas ha transformado la estabilidad económica y nutricional de sus respectivos hogares.
El programa de formación impartido a estas líderes rurales incluyó el fortalecimiento de conocimientos técnicos en agricultura sostenible y el desarrollo de habilidades de liderazgo social. Además de la teoría, se les han facilitado recursos y medios de producción que garantizan que sus cosechas sean resilientes a largo plazo. «Las mujeres juegan un papel importante en la conservación y preservación de las semillas», enfatizó Martínez, destacando que el conocimiento ancestral que ellas poseen, combinado con la tecnificación actual, es la barrera más sólida contra la degradación de los suelos y la pérdida de biodiversidad en la región oriental.
Al cierre de la jornada, se llevó a cabo un emotivo y estratégico intercambio de semillas originarias de las diversas comunidades participantes. El banco genético compartido incluyó granos básicos, hortalizas y variedades de árboles frutales y forestales, con el firme objetivo de que las familias rurales puedan diversificar sus parcelas. Esta práctica de intercambio no solo asegura la supervivencia de especies nativas, sino que garantiza que las comunidades posean la autonomía necesaria para producir sus propios alimentos sin depender de mercados externos. Con esta actividad, el proyecto RECLIMA reafirma su compromiso con un modelo de desarrollo rural inclusivo y climáticamente inteligente.




