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Libertad y tranquilidad: El Salvador recupera los espacios sagrados en el oriente del país

Testimonios de residentes confirman que el miedo a las extorsiones y abordajes de mareros en los cementerios ha desaparecido por completo en la gestión actual.

Durante décadas, el cementerio general de Usulután fue un territorio prohibido para la mayoría de sus habitantes debido al control absoluto de las pandillas. El camposanto, dividido en los sectores Norte y Sur por la carretera principal, funcionaba bajo las reglas de estructuras criminales que amedrentaban a quienes intentaban ingresar. Los residentes de la zona recuerdan con amargura que rendir tributo a sus familiares fallecidos era una actividad de alto riesgo, limitada únicamente a fechas con fuerte presencia policial.

La mística del miedo impuesta por los mareros obligaba a las personas a realizar visitas fugaces o, en muchos casos, a abandonar por completo la tradición de enflorar. Testimonios como el de René Herrera, de 79 años, confirman que la zona de la colonia El Cocal y sus alrededores se tornó inhabitable por la osadía de los delincuentes. La población sabía que las pandillas “mandaban” en el recinto sagrado, lo que generó un aislamiento forzado de las familias respecto a las tumbas de sus seres queridos.

Margarita Rivera, otra habitante afectada, relata cómo en celebraciones pasadas del 10 de mayo fue acosada por terroristas que la esperaban en la entrada del cementerio. En aquel entonces, los ciudadanos debían auxiliarse entre grupos grandes de personas para poder salir del lugar sin ser agredidos o extorsionados. Esta realidad contrastaba drásticamente con la solemnidad que debe imperar en un camposanto, convirtiendo un acto de amor familiar en una experiencia traumática marcada por la vigilancia de los grupos terroristas.

Finalmente, la implementación de los planes de seguridad nacional ha permitido que los usulutecos retornen a sus tradiciones con total libertad. En la actualidad, sin importar la fecha o la hora, las personas ingresan con tranquilidad para pasar tiempo recordando a sus difuntos sin temor a ser abordados. Esta recuperación de los espacios públicos es celebrada por los adultos mayores y jóvenes del distrito, quienes hoy caminan por las avenidas del cementerio como dueños legítimos de su tiempo y su paz.

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