Ostras: limpiadoras naturales que ayudan a salvar la bahía de Chesapeake
Voluntarios como Kimberly Price impulsan la recuperación de las poblaciones de ostras para mejorar el ecosistema marino y combatir el cambio climático.

Valoradas en la gastronomía, las ostras también podrían convertirse en aliados clave para combatir la contaminación ambiental. Kimberly Price está convencida de esto y, junto a un grupo de voluntarios, trabaja para incrementar las poblaciones de estos limpiadores naturales del mar.
Originaria de Maryland, en la costa este de Estados Unidos, Price cría miles de ostras en su hogar junto al agua. Cuando los moluscos alcanzan la madurez, son liberados en la bahía de Chesapeake, cerca de Washington, donde contribuyen a purificar el agua.

Las ostras actúan como filtros naturales sumamente efectivos, capaces de procesar hasta 190 litros de agua diariamente.
Gracias a ellas, el ecosistema mejora, favoreciendo el crecimiento de plantas y animales marinos, lo que, según especialistas, podría ayudar también a capturar más dióxido de carbono, causante del calentamiento global.
Actualmente, apenas queda el 1 % de las ostras nativas que habitaban la bahía de Chesapeake en la década de 1880, cuando se contaban por miles de millones, suficientes para filtrar toda el agua del lugar, según los registros históricos. Su disminución se debe a la contaminación, la sobrepesca y enfermedades.
Los defensores del medio ambiente enfrentan un enorme reto, y voluntarios como Kimberly Price juegan un papel fundamental en la recuperación de la bahía.

Durante nueve meses, las ostras jóvenes son criadas en jaulas suspendidas de cuerdas en el muelle privado de Price, lo que les ofrece mayores posibilidades de crecimiento. Posteriormente, estos moluscos contribuyen a la conservación del planeta.
En una visita realizada en verano, las ostras apenas tenían el tamaño de una cabeza de alfiler, procedentes de una incubadora especializada.
En mayo, durante una visita de AFP, Price limpiaba las ostras jóvenes antes de entregarlas a la Fundación de la Bahía de Chesapeake (CBF), que las introduce en arrecifes protegidos donde la pesca está prohibida.
Desde 2018, esta organización sin fines de lucro y sus aliados tienen como meta reintroducir 10 mil millones de ostras en la bahía, el estuario más grande de EE. UU., para fines de 2025.
Hasta ahora, ya han liberado aproximadamente 6.700 millones, según Kellie Fiala, experta de la CBF, quien comenta que la población de ostras está creciendo de manera positiva.
Sin embargo, todavía queda mucho por hacer en comparación con las poblaciones históricas.
Uno de los mayores obstáculos es la escasez de sustrato, es decir, superficies duras necesarias para que las ostras se adhieran y crezcan, ya que durante años las conchas se retiraron para construir senderos.
“La gente no entendía la importancia de devolver las conchas al agua para que sirvieran de hogar a otras ostras”, señala Fiala.
Para solucionar esto, la CBF incentiva a los voluntarios a crear estructuras de concreto similares a iglús, que actúan como hábitats artificiales bajo el agua.
Estas iniciativas involucran a toda la comunidad local, desde estudiantes hasta personas jubiladas.
Kimberly Price y otros voluntarios llevan cubos con moluscos, alrededor de 7.500 según el conteo, a la sede de la CBF cerca de la bahía.
Luego, estas ostras son transportadas en un pequeño barco conducido por Dan Johannes, capitán de 61 años, hasta un arrecife protegido, donde becarios vacían rápidamente los cubos al mar, aumentando la población de ostras en la bahía en el camino hacia la meta propuesta.
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