Teherán se apaga ante la inminencia de la guerra: El Bazar y las calles lucen desolados
A pocos días del año nuevo persa, la ciudad vive una realidad de pesadilla donde los comercios permanecen vacíos y el miedo domina el día a día.

Teherán, una metrópoli que suele albergar a diez millones de personas, enfrenta una transformación drástica al convertirse en un escenario de desolación por los intensos bombardeos de los últimos cuatro días. La capital iraní, marcada por el estruendo de las detonaciones y las espesas columnas de humo gris, ha visto cómo su dinamismo habitual se desvanece, dejando calles desiertas donde el jaleo de los atascos ha sido reemplazado únicamente por sonidos de la naturaleza y el silencio de comercios cerrados. Los residentes describen con angustia cómo el impacto de las explosiones hace temblar ventanas y puertas, sumiendo a la ciudad en un clima de terror constante.
Los daños materiales son visibles en puntos estratégicos y barrios residenciales, donde ministerios, tribunales y edificios cercanos a cuarteles militares han sido blanco de la ofensiva. La plaza Ferdowsi, uno de los nodos viales más importantes, presenta hoy una estampa de edificios dañados y restos de estructuras esparcidos por el suelo. Ante este panorama, la presencia de fuerzas de seguridad, vehículos blindados y controles aleatorios se ha vuelto parte del paisaje urbano, mientras las autoridades mantienen la alerta y las recomendaciones de evacuación para proteger a la población civil.
La economía local, que debería vivir su época de mayor esplendor ante la proximidad del Nouruz —el año nuevo persa que se celebra el 21 de marzo—, enfrenta un colapso sin precedentes. Los bazares, normalmente abarrotados de ciudadanos realizando sus compras festivas, permanecen con la mayoría de sus puestos cerrados, lo que representa un golpe devastador para el sustento de miles de comerciantes. En las pocas tiendas de alimentación que aún operan, los ciudadanos forman largas filas, intentando abastecerse de productos básicos ante la incertidumbre de lo que ocurrirá en las próximas horas.
A pesar del peligro, algunos ciudadanos esenciales, como el personal sanitario, permanecen en la capital para brindar auxilio en medio de la crisis. Mientras gran parte de la población ha huido buscando refugio, quienes se quedan en Teherán se enfrentan a la dura realidad de una ciudad que parece haber perdido su alma. Entre banderas de la república islámica que aún ondean sobre los escombros y carteles del fallecido líder Alí Jamenei, los habitantes aguardan con temor el desenlace de un conflicto que ha sumido a la nación en su momento más oscuro.




