Italia sin timonel: nadie quiere dirigir a la Nazionale rumbo al Mundial 2026
Ranieri y Pioli rechazan la oferta y Gattuso asoma como opción para reanimar a una selección en crisis

En medio del ya habitual “baile de entrenadores” al cierre de la temporada de la Serie A, el banquillo más importante del fútbol italiano sigue vacante. La Nazionale, cuatro veces campeona del mundo, está sin seleccionador tras el inminente despido de Luciano Spalletti, tras la goleada 3-0 sufrida ante Noruega.
A pesar de sus credenciales, la selección nacional no seduce. Claudio Ranieri fue el primer elegido por la Federación Italiana de Fútbol (FIGC). El veterano técnico, de 73 años, parecía dispuesto a asumir el desafío tras su reciente retiro con la Roma. Sin embargo, sorprendió a todos con un mensaje enviado al presidente Gabriele Gravina en plena madrugada: “No me siento preparado”. Alegó razones personales y su nuevo rol como asesor estratégico de los dueños estadounidenses del club romano.
La FIGC viró rápidamente hacia Stefano Pioli, exentrenador del Milan. Pero su entorno descartó cualquier posibilidad: está a punto de firmar con la Fiorentina, club que ya dirigió en el pasado.
Estas negativas evidencian el deterioro del prestigio de la Nazionale, que no ha logrado clasificar a los últimos dos Mundiales (2018 y 2022) y fue eliminada en octavos de final de la reciente Eurocopa 2024. El exseleccionador Arrigo Sacchi lo expresó sin rodeos: “La Nazionale debería tener prioridad sobre todo lo demás, especialmente en esta situación dramática. Alguien debe mostrar coraje”.
Ante esta crisis de liderazgo, surgen tres nombres del pasado glorioso de Italia en Alemania 2006: Daniele De Rossi, Fabio Cannavaro y Gennaro Gattuso. Este último parece tomar ventaja. Aunque su carrera como técnico ha sido inestable —con pasos por Milan, Nápoles, Valencia, Marsella y recientemente el Hajduk Split—, Gattuso ofrece un perfil combativo que podría reactivar a una selección carente de carácter.
La cuenta regresiva hacia el Mundial de 2026 ya empezó. Italia necesita más que un entrenador: requiere una figura capaz de devolverle identidad y orgullo a una camiseta histórica que, hoy por hoy, pocos quieren asumir.





