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Joven de Apastepeque combina estudios de Derecho y trabajo en panadería familiar con gran dedicación

Brenton Ramírez equilibra tres actividades diarias para costear su carrera y mantener viva la tradición panificadora de su familia

Brenton Josué Ramírez Acevedo, de 23 años, cursa el tercer año de la Licenciatura en Ciencias Jurídicas en una universidad privada, además de trabajar como panificador y asistente no letrado en un despacho jurídico. Vive en Apastepeque, San Vicente Norte, y su historia es un ejemplo de esfuerzo y dedicación, ya que combina tres ocupaciones diarias que le ocupan casi todo su tiempo.

El joven organiza sus días de lunes a viernes empezando desde las 5 de la mañana. Primero se prepara para ir a la panadería Los Ángeles, ubicada en su localidad, donde se encarga de preparar la masa para la semita y las tortas, así como la cocción de la miel de atado. Luego se dedica a hornear todo el pan, labor que termina al mediodía.

Después almuerza y se alista para ir a su segunda actividad, que está vinculada a su carrera profesional. “Así termino mis labores en la panadería y a la vez continúo aprendiendo sobre mi carrera. Luego de la oficina, me dirijo a la universidad para mis clases nocturnas de lunes a viernes”, comenta Brenton.

La panadería, que tiene más de 40 años, es un negocio familiar dirigido por su abuela, donde también trabaja su madre. Aunque son familiares, el trabajo es serio y Brenton es muy responsable en sus funciones de panificador y hornero, recibiendo un salario por ello. “El dinero que gano en la panadería me ayuda a costear mis estudios en la universidad Panamericana, que es privada, por lo que debo pagarla. Ese ingreso es mi principal fuente de financiamiento”, explica el joven.

Desde pequeño creció rodeado del oficio familiar, observando cómo se preparaban los panes, los ingredientes y ayudando en lo que podía, lo que le permitió aprender y ahora aplicar ese conocimiento en la producción diaria. “Soy el hornero, encargado de que el pan quede bien cocido y en su punto justo. El hornero es imprescindible en la panadería”, añade, y manifiesta su sueño de convertirse en abogado para luego obtener el notariado y ejercer su profesión.

“Quiero especializarme en delitos informáticos y en la ejecución de embargos. En cuanto a la panadería, creo que es algo que llevo en la sangre, pues mi abuela, mi mamá y mi papá son panificadores. Aunque me dedique a la abogacía, siempre mantendré la panadería como un negocio familiar para conservar la tradición”, destaca.

Brenton finaliza su día llegando a casa entre las 9 y 10 de la noche, únicamente para descansar.

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