“No fue con mala fe”, declaró Claudia Sheinbaum: El Salvador desmiente con pruebas la falsa acusación sobre avioneta con droga
El gobierno salvadoreño desmontó con evidencia técnica y respaldo internacional la versión mexicana que vinculaba a El Salvador con una aeronave cargada de cocaína. El presidente Bukele reafirma su política de cero tolerancia al crimen y su defensa firme ante cualquier intento de difamación.
En días recientes, autoridades mexicanas informaron sobre la interceptación de una aeronave en el estado de Colima, cargada con más de 427 kilogramos de cocaína, valorada en aproximadamente 96 millones de pesos mexicanos. La operación fue ejecutada en una pista clandestina ubicada en el municipio de Tecomán, luego de que la aeronave fuera detectada por el Centro Nacional de Vigilancia y Protección del Espacio Aéreo (CENAVI). A través de aviones de la Fuerza Aérea Mexicana y de la Guardia Nacional, se realizó un seguimiento hasta que aterrizó en territorio mexicano. Sin embargo, lo más grave no fue la operación en sí, sino la declaración que vino después.

De inmediato, y sin presentar pruebas concluyentes, el secretario de Seguridad de México, Omar García Harfuch, declaró en conferencia de prensa que la avioneta “procedía de El Salvador”. La afirmación fue replicada por múltiples medios internacionales, lo que generó una ola de especulaciones y consecuencias diplomáticas que exigían una respuesta firme y documentada.
El presidente Nayib Bukele respondió con claridad y determinación, respaldado por datos técnicos irrefutables. Los radares salvadoreños, operativos las 24 horas, no registraron ninguna aeronave de ese tipo ingresando ni saliendo del espacio aéreo nacional. Además, reportes emitidos por la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur (JIATFS) de Estados Unidos y por autoridades costarricenses confirmaron que la avioneta fue detectada en el Pacífico, pero nunca sobrevoló ni tocó territorio salvadoreño. Más aún, Bukele reveló que los tripulantes capturados no eran salvadoreños, como algunos insinuaron, sino ciudadanos mexicanos: Leonardo Alonso Parra Pérez, oriundo de Sinaloa; José Adán Jalavera Ceballos, de Chihuahua; y Felipe Villa Gutiérrez, de Morelia, Michoacán.
El Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México, Omar García Harfuch, declaró que la avioneta interceptada en Tecomán, Colima, procedía de El Salvador.
— Nayib Bukele (@nayibbukele) July 10, 2025
FALSO.
El 3 de julio, a la 1:00 pm, Costa Rica reportó una traza sospechosa al noroeste de su territorio. Fueron… pic.twitter.com/agp3cCdD4M
Frente a las pruebas presentadas por El Salvador, y luego de que se evidenciaran las omisiones deliberadas en la narrativa mexicana —como la omisión inicial de la nacionalidad de los detenidos y los detalles técnicos del vuelo—, el secretario Harfuch ajustó su declaración: la avioneta no había salido de El Salvador, sino que fue detectada “a la altura de San Salvador”, a más de 200 kilómetros al sur, en el océano. El cambio en el discurso dejó en evidencia la fragilidad de la acusación inicial y la improvisación de las autoridades mexicanas al comunicar un caso de esta magnitud.

Este hecho no puede analizarse de manera aislada. México enfrenta desde hace décadas una crisis estructural de seguridad: cárteles de narcotráfico con poder territorial, asesinatos masivos, desapariciones forzadas, corrupción institucionalizada y un sistema judicial profundamente debilitado. La violencia en ese país no es episódica, sino sistemática. En contraste, El Salvador ha experimentado una transformación profunda y sostenida.
Durante los últimos años, bajo el liderazgo del presidente Bukele, El Salvador ha pasado de ser uno de los países más violentos del mundo a convertirse en el más seguro del continente. Estados Unidos lo ha clasificado como el único país de América Latina con alerta de viaje nivel 1, lo que significa que es considerado un destino seguro para los ciudadanos norteamericanos. La criminalidad ha sido contenida con determinación, las estructuras pandilleriles han sido desarticuladas, y el Estado ha recuperado el control territorial que durante décadas estuvo en manos del crimen organizado.

El caso de la avioneta es un episodio que revela mucho más que un error diplomático. Expone cómo, frente al éxito salvadoreño en materia de seguridad, existen intereses o narrativas externas que buscan restar legitimidad a sus logros. La reciente declaración de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien aseguró que “no fue con mala fe”, confirma que la acusación fue lanzada sin rigor. No hubo intención, afirman, pero sí hubo daño. Y cuando se trata de relaciones bilaterales y respeto entre naciones, el daño causado por la irresponsabilidad no puede pasarse por alto.
Frente a eso, la respuesta salvadoreña no fue agresiva ni impulsiva. Fue firme, técnica y respetuosa. El presidente Bukele, como lo ha hecho en otras ocasiones, desarticuló la desinformación con hechos y con respeto por la diplomacia. Su gestión ha sido coherente en un principio rector: cero tolerancia a la delincuencia, al narcotráfico, al terrorismo y a cualquier forma de violencia que amenace la estabilidad nacional. Y lo ha demostrado una y otra vez, tanto en el combate directo contra los grupos criminales, como en la defensa de la dignidad de su país en escenarios internacionales.
No es la primera vez que se intenta manchar su imagen con afirmaciones sin fundamento. Tampoco será la última. Pero cada vez, la respuesta ha sido la misma: datos verificables, liderazgo firme y compromiso con la verdad. Porque cuando un país se construye sobre bases sólidas, cuando la transformación es real y medible, no hay campaña que pueda desdibujar su camino. El Salvador ha demostrado que sí es posible vencer la violencia. Y su presidente ha dejado claro que no permitirá, bajo ninguna circunstancia, que se le vincule injustamente con lo que tanto ha combatido.
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